Todo se encuentra en constante vibración, siempre, en todo momento, en todo lugar. Todo lo que percibimos del mundo se compone de átomos, que si recordamos, es básicamente un conjunto de electrones (carga negativa) que orbita al rededor del núcleo del átomo, compuesto por protones y neutrones. Es decir, los átomos siempre están en movimiento, igual que nuestro sistema solar. Cada movimiento genera una determinada cantidad de energía.
Podemos pensar en la energía como ondas que se emiten a cada instante, ondas que se emiten de lo más pequeño a lo más grande, sin importar su dimensión. En un universo donde todo esta conectado, donde todo hace parte de una misma estructura, el ser humano, dotado de espiritualidad, pensamiento y energía vital, tiene la capacidad de cambiar la vibración o energía que emite. La energía que emitimos produce una correspondencia con aquello que atraemos.
La vibración propia puede cambiar el entorno, pues cambia de igual forma, las vibraciones de todo lo demás. En la intención de entender la vibración de uno y de todo lo que nos rodea, se hace consciencia sobre personas, cosas o situaciones que llevan a una disminución de la fuerza de la energía vital.
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